Tras perder la “campaña navideña” de finales de 2025, Bitcoin experimentó un fuerte repunte durante la sesión asiática, alcanzando momentáneamente los 90,200 dólares, con una subida intradía de hasta el 3.1%. Al mismo tiempo, Ethereum también volvió con fuerza por encima de los 3,000 dólares. Este aumento vino acompañado de una notable recuperación en la tasa de financiación de los contratos perpetuos, lo que sugiere un aumento en el optimismo a corto plazo. Sin embargo, el sentimiento general del mercado sigue siendo complejo y cauteloso: el precio de Bitcoin todavía cae aproximadamente un 30% desde su máximo histórico de 126,251 dólares alcanzado en octubre, y aunque los contratos de futuros abiertos se han recuperado desde mínimos, aún no han vuelto a los niveles de euforia del mercado. En un contexto macroeconómico de expansión continua de la liquidez en las principales economías mundiales, el mercado de criptomonedas se encuentra en un punto clave de recuperación, reconstrucción de confianza y espera de una nueva ronda de rotación de capital.
A principios de año, el mercado de criptomonedas recibió señales positivas que hacía tiempo no se veían. Según datos compilados por Bloomberg, Bitcoin en la sesión matutina en Asia de lunes de repente tomó impulso, alcanzando un máximo de 90,200 dólares, recuperando no solo la barrera psicológica de los 90,000 dólares, sino también rompiendo un patrón de consolidación que duró varias semanas desde la caída de octubre. Este repunte no fue un caso aislado; Ethereum también se fortaleció, con un aumento de más del 4%, superando los 3,000 dólares. Esto constituye un escenario técnico a corto plazo alcista, que ofrece esperanza a muchos inversores que se mantuvieron firmes durante el bajón de fin de año.
El impulso de esta subida contrasta con la caída del cuarto trimestre de 2025. Sebastian Bea, director de inversión de ReserveOne Inc., una firma de gestión de activos en criptomonedas, señaló que el movimiento del lunes “parece estar impulsado en cierta medida por traders minoristas a corto plazo que aumentaron sus posiciones en el mercado de futuros”. Esta evaluación está respaldada por datos en la cadena. Según CryptoQuant, la tasa de financiación de los contratos perpetuos de Bitcoin, que refleja el sentimiento de apalancamiento del mercado, ha subido a su nivel más alto desde el 18 de octubre, indicando que la demanda de mantener posiciones largas en derivados está en aumento. Esto suele ser un indicador adelantado de un repunte en el ánimo especulativo a corto plazo.
No obstante, la estructura del mercado aún no ha vuelto a un estado de “mercado alcista saludable”. Aunque el total de contratos de futuros abiertos ha rebotado desde mínimos recientes, Bea añadió que su tamaño “sigue muy por debajo del pico alcanzado en octubre cuando Bitcoin tocó su máximo reciente”. Esta divergencia entre “precio en alza, posiciones cautelosas” revela la esencia actual del mercado: se trata de una recuperación tentativa tras una herida severa, y no del inicio de una tendencia alcista basada en una narrativa renovada y confianza desbordada. Los inversores, especialmente instituciones y grandes actores, todavía evalúan con cautela el entorno, sin apostar a lo grande.
Para entender la mentalidad contradictoria actual, hay que remontarse a la tormenta de desleveraging del cuarto trimestre de 2025, que fue casi un ejemplo de libro. En octubre, el mercado colapsó tras una serie de liquidaciones en posiciones con apalancamiento alto, con estimaciones de que aproximadamente 19 mil millones de dólares en posiciones apalancadas fueron forzadamente cerradas en poco tiempo. Esta tormenta no solo destruyó precios, sino que también vació la liquidez del mercado y redujo la apetencia por el riesgo de los participantes. Como dice un trader veterano, “el mercado se quedó sin alma”, y los operadores se volvieron “reticentes a apostar fuerte en las rebotes”.
Este sentimiento de cautela se refleja en los datos profundos del mercado de derivados. Aunque la tasa de financiación se ha vuelto positiva, el interés abierto total en Bitcoin, que había disminuido, se mantiene en torno a 27,3 mil millones de dólares y no ha aumentado proporcionalmente con el precio. Esto transmite un mensaje clave: no hay muchas nuevas posiciones especulativas con alto apalancamiento en el mercado. La mayoría de los traders están adoptando una estrategia de “reducir riesgos” en lugar de “aumentar el apalancamiento para apostar a la subida”. En términos simples, la “apuesta” del mercado está siendo sistemáticamente eliminada, y el capital apalancado está en retirada.
Este proceso de “limpieza de apalancamiento”, aunque doloroso y de baja en el corto plazo, no es necesariamente negativo desde una perspectiva de salud del mercado a largo plazo. Significa que el mercado está experimentando una “reconfiguración” necesaria. El exceso de apalancamiento, como un montón de madera seca, puede ser combustible para un mercado alcista acelerado, pero también un riesgo de colapso. La actual reducción del apalancamiento y la estabilización de las posiciones en equilibrio crean una base más sólida. Si en el futuro aparecen fundamentos positivos o catalizadores de capital, Bitcoin tendrá más espacio para absorber nuevas entradas sin sobrecalentarse rápidamente y desencadenar una próxima liquidación.
Un fenómeno que desconcierta a muchos analistas macro es que, pese a que el entorno de liquidez global parece muy favorable para los activos de riesgo, las criptomonedas como Bitcoin no mostraron un rendimiento fuerte en la segunda mitad de 2025. La oferta monetaria M2 en EE. UU., China, Japón y Eurozona alcanzó niveles históricos, y en teoría, una liquidez tan abundante debería haber impulsado acciones, bienes raíces y criptomonedas. Sin embargo, el S&P 500 alcanzó nuevos máximos antes de Navidad, mientras que Bitcoin permaneció relativamente indiferente.
Esta divergencia revela que la transmisión de liquidez no es instantánea ni uniforme. El entorno macro actual está lleno de incertidumbre: divergencias en las políticas de los principales bancos centrales, tensiones geopolíticas y preocupaciones por una desaceleración económica. En este contexto, la gran liquidez se acumula en fondos del mercado monetario, bonos a corto plazo y otros activos considerados refugio, o circula en ciclos internos en los “siete gigantes” del mercado tradicional, mostrando un “alivio en forma de refugio”. El capital sigue en modo observación, sin rotar masivamente hacia activos de mayor volatilidad, como las criptomonedas, que siguen siendo uno de los segmentos de riesgo.
Desde una perspectiva más intrínseca, basada en el valor interno de la red, Bitcoin podría estar en una fase de acumulación subvalorada. Algunos analistas citan el “Oscilador de valor energético”, que mide el respaldo de valor subyacente en función del consumo energético (hashrate). Actualmente, este indicador está en mínimos de diez años, y en el pasado, posiciones similares han marcado fases de fondo de mercado a largo plazo, no máximos alcistas. Esto sugiere que, desde la base de seguridad y valor de la red, el precio de Bitcoin no refleja todavía su potencial real, y el pesimismo del mercado puede estar sobredimensionado. El mercado actual es como un resorte comprimido: la liquidez macro actúa como una fuerza externa que lo comprime, mientras que la reconfiguración estructural y el valor intrínseco son el resorte en sí. La presión se acumula, y solo falta un catalizador claro para que la tendencia se defina.
Frente a esta coexistencia de recuperación, divergencias, esperanza y cautela, ¿cómo deben actuar los inversores? Primero, hay que aceptar que la fase del mercado ha cambiado. La “primera fase” de una tendencia alcista impulsada por narrativa y apalancamiento puede haber terminado. Ahora estamos en una etapa de “curación y base”, que requiere más paciencia y un enfoque en fundamentos y datos de flujo de capital. En esta fase, movimientos diarios de precios, ya sean fuertes subidas o bajadas, deben interpretarse con cautela y confirmarse con tendencias posteriores, sin sacar conclusiones apresuradas.
Para diferentes perfiles, las estrategias también deben variar. Los traders a corto plazo pueden centrarse en indicadores de mercado como la tasa de financiación y el interés abierto, operando en rangos cercanos a soportes y resistencias clave (por ejemplo, 87,000 dólares y 95,000 dólares), pero controlando el apalancamiento para evitar riesgos de “flash crash” por falta de liquidez. Los inversores a largo plazo y las instituciones pueden considerar que este es un momento de “oportunidad de entrada”. La baja en el sentimiento, la limpieza de apalancamiento, y el precio alejado de máximos, junto con la liquidez global y los fundamentos de la red (hashrate, adopción), conforman una ventana de “alta relación calidad-precio” bajo los criterios tradicionales. La estrategia de promediar en compras o construir en pirámide puede ser más adecuada para suavizar costos y captar tendencias a largo plazo.
De cara a 2026, varias fuerzas determinarán la dirección final del mercado: primero, cuándo la liquidez global podrá pasar de un estado de “refugio” a uno de “búsqueda de riesgo”; segundo, si la regulación en EE. UU. bajo la administración Trump puede atraer una nueva oleada de capital institucional; y tercero, si los productos regulados como los ETF de Bitcoin en físico podrán volver a captar flujos netos positivos. La ruptura de los 90,000 dólares es una señal positiva a corto plazo, pero más que el final, es un punto en medio de un proceso largo. En un escenario de macro con abundancia de liquidez, la criptomoneda, que es la “instrumento” más volátil, está en proceso de ajuste y afinación, esperando su momento de protagonismo. Para los inversores preparados, lo importante no es solo seguir los movimientos en pantalla, sino entender los cambios profundos en la estructura del mercado y prepararse para la próxima gran melodía cuando llegue el momento.
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