Recientemente he visto informes sobre la crisis monetaria en Irán, lo cual refleja una realidad severa: en países donde la moneda fiduciaria enfrenta una depreciación sistémica, la demanda de activos criptográficos se vuelve muy intensa.
Veamos un conjunto de datos. A principios de 2024, 1 dólar estadounidense equivalía a 450,000 riales iraníes, con una diferencia del 20% entre la tasa oficial y la del mercado negro. En solo dos años, a principios de 2026, la cotización en el mercado libre ya alcanzaba 1,45 millones de riales por dólar, con una depreciación del 90% en poco más de un año. Esto no es un juego numérico, sino un colapso real del poder adquisitivo en la vida cotidiana: el dinero que el año pasado alcanzaba para comprar diez kilos de harina, ahora ni siquiera alcanza para uno.
La gravedad del problema va mucho más allá de los datos superficiales. La inflación oficial ya ha alcanzado un 42.5%, y los precios de los alimentos han subido un 72%. El precio minorista de un kilogramo de carne de res oscila entre 15 y 18 dólares, mientras que el ingreso mensual promedio de un trabajador es de aproximadamente 70 dólares; comprar carne una sola vez consume una cuarta parte del salario mensual. Para los jubilados, la situación es aún más desesperada: lo que antes les permitía vivir cómodamente con su pensión, ahora ni siquiera cubre diez días de gastos básicos; incluso el salario de un funcionario público en medio año se ha visto severamente reducido.
Este tipo de escenarios no son casos aislados en los mercados emergentes. Cuando la moneda fiduciaria entra en una espiral de depreciación, el efectivo en manos de la población se devalúa a una velocidad visible, y la demanda de medios de protección de valor aumenta drásticamente. Por eso, en países y regiones con alta inflación, la adopción de Bitcoin y otros activos criptográficos suele ser mucho mayor que en los países desarrollados. La crisis de la moneda fiduciaria impulsa objetivamente la demanda de activos alternativos.
Para los inversores en criptomonedas, esto también es una advertencia de riesgo que merece reflexión. La turbulencia macroeconómica ciertamente puede crear oportunidades a corto plazo, pero a largo plazo, las decisiones de inversión no deben depender únicamente de estos shocks externos. La verdadera sabiduría radica en comprender el riesgo sistémico y mantener un juicio claro en diferentes ciclos de mercado.
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MEVHunterLucky
· hace5h
90% de depreciación, madre mía, estos datos dan miedo... La gente normal realmente lo está pasando muy mal
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StillBuyingTheDip
· hace9h
90% devaluación... Por eso, la sed de BTC en los países en desarrollo simplemente no puede ser detenida.
En enero, con 70 dólares todavía hay que sobrevivir, ¿cómo no querer algo que conserve su valor, verdad?
Las monedas fiduciarias son realmente un corte lento de cizaña, Irán ahora mismo es un ejemplo vivo.
Pero volviendo al tema, solo comprar criptomonedas no siempre puede salvar, hay que saber cómo usarlas.
En estos momentos, hay que ser aún más cauteloso, las oportunidades y las trampas a menudo van de la mano.
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retroactive_airdrop
· hace9h
Una depreciación del 90%, qué desesperación... No es de extrañar que hayan apostado todo en BTC
Recientemente he visto informes sobre la crisis monetaria en Irán, lo cual refleja una realidad severa: en países donde la moneda fiduciaria enfrenta una depreciación sistémica, la demanda de activos criptográficos se vuelve muy intensa.
Veamos un conjunto de datos. A principios de 2024, 1 dólar estadounidense equivalía a 450,000 riales iraníes, con una diferencia del 20% entre la tasa oficial y la del mercado negro. En solo dos años, a principios de 2026, la cotización en el mercado libre ya alcanzaba 1,45 millones de riales por dólar, con una depreciación del 90% en poco más de un año. Esto no es un juego numérico, sino un colapso real del poder adquisitivo en la vida cotidiana: el dinero que el año pasado alcanzaba para comprar diez kilos de harina, ahora ni siquiera alcanza para uno.
La gravedad del problema va mucho más allá de los datos superficiales. La inflación oficial ya ha alcanzado un 42.5%, y los precios de los alimentos han subido un 72%. El precio minorista de un kilogramo de carne de res oscila entre 15 y 18 dólares, mientras que el ingreso mensual promedio de un trabajador es de aproximadamente 70 dólares; comprar carne una sola vez consume una cuarta parte del salario mensual. Para los jubilados, la situación es aún más desesperada: lo que antes les permitía vivir cómodamente con su pensión, ahora ni siquiera cubre diez días de gastos básicos; incluso el salario de un funcionario público en medio año se ha visto severamente reducido.
Este tipo de escenarios no son casos aislados en los mercados emergentes. Cuando la moneda fiduciaria entra en una espiral de depreciación, el efectivo en manos de la población se devalúa a una velocidad visible, y la demanda de medios de protección de valor aumenta drásticamente. Por eso, en países y regiones con alta inflación, la adopción de Bitcoin y otros activos criptográficos suele ser mucho mayor que en los países desarrollados. La crisis de la moneda fiduciaria impulsa objetivamente la demanda de activos alternativos.
Para los inversores en criptomonedas, esto también es una advertencia de riesgo que merece reflexión. La turbulencia macroeconómica ciertamente puede crear oportunidades a corto plazo, pero a largo plazo, las decisiones de inversión no deben depender únicamente de estos shocks externos. La verdadera sabiduría radica en comprender el riesgo sistémico y mantener un juicio claro en diferentes ciclos de mercado.