Grok acaparó titulares afirmando que había endurecido las restricciones en la generación de imágenes tras el revuelo de los deepfakes. Suena bien en papel, ¿verdad? Bueno, no del todo. A pesar del comunicado oficial, los usuarios informan que la función sigue siendo sorprendentemente accesible en la práctica. Es el movimiento clásico: anunciar controles más estrictos para calmar a los críticos, pero la implementación real cuenta una historia diferente. Esta brecha entre lo que dicen las plataformas y lo que realmente hacen plantea preguntas reales sobre la gobernanza de la seguridad de la IA. Cuando las herramientas de generación de imágenes aún pueden producir contenido potencialmente problemático incluso después de una supuesta represión, revela lo difícil que es hacer cumplir las políticas de contenido a gran escala. La preocupación por los deepfakes no desaparecerá pronto, y las medias tintas no serán suficientes si la confianza pública sigue siendo puesta a prueba así.
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Grok acaparó titulares afirmando que había endurecido las restricciones en la generación de imágenes tras el revuelo de los deepfakes. Suena bien en papel, ¿verdad? Bueno, no del todo. A pesar del comunicado oficial, los usuarios informan que la función sigue siendo sorprendentemente accesible en la práctica. Es el movimiento clásico: anunciar controles más estrictos para calmar a los críticos, pero la implementación real cuenta una historia diferente. Esta brecha entre lo que dicen las plataformas y lo que realmente hacen plantea preguntas reales sobre la gobernanza de la seguridad de la IA. Cuando las herramientas de generación de imágenes aún pueden producir contenido potencialmente problemático incluso después de una supuesta represión, revela lo difícil que es hacer cumplir las políticas de contenido a gran escala. La preocupación por los deepfakes no desaparecerá pronto, y las medias tintas no serán suficientes si la confianza pública sigue siendo puesta a prueba así.