Acabo de revisar un dato bastante interesante que publicó la Casa Blanca hace poco sobre la crisis de vivienda en Estados Unidos. Resulta que el déficit de viviendas unifamiliares es mucho más grave de lo que muchos pensaban inicialmente.



Según el Informe Económico del Presidente, si la construcción de viviendas unifamiliares hubiera mantenido el ritmo histórico en lugar de caer después de 2008, hoy tendríamos 10 millones de viviendas adicionales. Es una cifra enorme. Para ponerlo en contexto, otros estudios previos daban números bastante más bajos: Freddie Mac estimaba en 3,7 millones de unidades el año pasado, y la National Association of Realtors hablaba de 5,5 millones allá por 2021.

Lo interesante es que estos números varían bastante dependiendo de la metodología. Algunos calculan solo por demanda poblacional, otros comparan tendencias históricas más largas. Pero todos apuntan a lo mismo: hay un déficit importante.

Y claro, todo esto sale a la luz justo cuando los políticos en Washington están bajo presión. La asequibilidad de vivienda se ha convertido en un tema electoral clave, especialmente de cara a las elecciones de medio término. Los votantes están cansados de los precios imposibles, así que los responsables políticos necesitan mostrar que están actuando. Este tipo de informes, con ese déficit tan alarmante, es parte de esa estrategia de demostrar que comprenden la magnitud del problema.
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