La prosperidad de una economía no se refleja en los datos del PIB, ni en los programas de hacer dumplings en la Gala de Año Nuevo, sino que se esconde en las expectativas de las familias por el mañana. Este año, en el Año Nuevo, casi no hay ambiente festivo en las calles, incluso la atmósfera de Navidad es más intensa. La gente celebra como si fuera una tarea, y es difícil sentir esa alegría y expectativa genuinas. La confianza en que “mañana será mejor” parece haber desaparecido colectivamente.
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
La prosperidad de una economía no se refleja en los datos del PIB, ni en los programas de hacer dumplings en la Gala de Año Nuevo, sino que se esconde en las expectativas de las familias por el mañana. Este año, en el Año Nuevo, casi no hay ambiente festivo en las calles, incluso la atmósfera de Navidad es más intensa. La gente celebra como si fuera una tarea, y es difícil sentir esa alegría y expectativa genuinas. La confianza en que “mañana será mejor” parece haber desaparecido colectivamente.