Por qué la próxima década podría pertenecer a Bitcoin: además de la trampa de la burbuja

Recientemente, en un evento importante en Nueva York, voces influyentes del mercado financiero defendieron una tesis polémica: el Bitcoin no es una burbuja condenada al colapso, sino un activo fundamental para la próxima década. Esta narrativa desafía la arma de burbuja que los críticos usan repetidamente contra los activos cripto. Para entender por qué estos especialistas están convencidos, es necesario examinar los datos y las lógicas detrás de sus afirmaciones.

La cuestión de la burbuja: por qué los números contradicen la teoría

Dan Morehead, CEO de Pantera Capital, planteó la cuestión de forma directa: es imposible que exista una burbuja cuando el inversor institucional medio posee cero criptomonedas. Esta observación simple destruye uno de los principales argumentos en contra de Bitcoin. Una burbuja, por definición, ocurre cuando un activo está masivamente sobrevalorado y ampliamente distribuido entre inversores. Cuando la penetración institucional es prácticamente nula, el escenario es el opuesto.

Lo que hace que esta constatación sea tan relevante es el hecho de que los mayores gestores de fondos, bancos de inversión y fondos soberanos aún están al borde de esa transformación. Aunque los fondos indexados en Bitcoin han comenzado a surgir y la regulación se vuelve progresivamente más clara, la gran mayoría de las grandes instituciones no posee ninguna exposición significativa a criptomonedas. Por lo tanto, el arma de la burbuja no se dispara cuando quienes deberían “hacer explotar” el precio ni siquiera han entrado en el juego.

Cuando el dinero fiduciario pierde su valor: la propuesta del Bitcoin

El argumento de Morehead va más allá de los números. Aborda un problema fundamental: la moneda que llevamos todos los días pierde aproximadamente un 3% de su valor anualmente. Esto ocurre porque no tiene ningún respaldo ni limitación de oferta. Un gobierno puede imprimir más dinero siempre que desee, diluyendo el poder de compra de quienes lo poseen.

Considera el impacto a lo largo de toda una vida: en 30 años, pierdes aproximadamente el 60% de lo que puedes comprar con ese dinero. En 40 años, el 70%. Esto es una transferencia silenciosa de riqueza. Activos con oferta fija, como Bitcoin, que tiene solo 21 millones de unidades que serán creadas, representan la antítesis de ese modelo. No hay política monetaria expansiva, no hay sorpresas. La escasez es matemática.

La falta de capital institucional es la verdadera oportunidad

Si los fondos soberanos, los grandes bancos y los fondos de pensiones representan trillones de dólares en capital, y prácticamente ninguno de ellos ha asignado significativamente a Bitcoin, tenemos una situación análoga al inicio de internet. El escenario no es de burbuja ya inflada, sino de adopción inicial con un enorme espacio para el crecimiento.

Históricamente, cuando grandes cantidades de capital institucional ingresan en un activo, los precios aumentan. Pero lo opuesto también es cierto: cuando ese capital aún no ha entrado, no hay base para afirmar que el activo está en niveles insostenibles. La ausencia es la señal más fuerte de que no estamos en una burbuja, sino en una fase de transición.

Ethereum y la evolución más allá de los ciclos tradicionales

Tom Lee, otro analista influyente del mercado, aportó una perspectiva diferente sobre la evolución del ecosistema cripto. Cuestiona la teoría de los ciclos de cuatro años que los analistas solían usar para prever correcciones. La realidad reciente mostró que las cosas cambiaron: en octubre de 2025, hubo una corrección significativa, pero a diferencia del colapso de noviembre de 2022, Ethereum mantuvo su fuerza y siguió subiendo.

Esto sugiere una maduración del mercado. Los ciclos simplistamente extrapolados del pasado pueden no repetirse con la misma intensidad. Ethereum, en particular, desarrolló casos de uso más robustos y una adopción institucional más profunda, cambiando su dinámica fundamental. Lo que era pura especulación en 2017 o 2018 se convirtió en infraestructura en 2025 y 2026.

Cómo el cripto ya permea nuestra vida cotidiana

Una observación crítica de Lee se suele pasar por alto: el cripto se está volviendo invisible. Ya usas stablecoins para hacer pagos sin darte cuenta. Los neobancos operan con blockchain en su backend. Los activos se negocian 24 horas al día, incluso durante la madrugada. La criptografía y la descentralización ya no significan que estás haciendo algo exótico o arriesgado.

Eventualmente, las personas utilizarán criptomonedas sin saber que están usando criptomonedas. La tecnología se incorpora a la vida cotidiana como internet o la electricidad: esencial, pero invisible. Cuando esta transición ocurra en masa, el activo que la soporta no está en una burbuja—está en transición para convertirse en una materia prima básica.

El Bitcoin como escudo contra la weaponización del dólar

Morehead planteó un argumento que va más allá del comercio minorista: la geopolítica del Bitcoin. Cuando el Secretario del Tesoro de EE. UU. puede, con la firma de un documento, congelar o confiscar recursos denominados en dólares, otros países—especialmente aquellos con conflictos con Washington—empiezan a buscar alternativas. El dólar se ha convertido en un arma de política exterior.

En este contexto, Bitcoin representa algo sin precedentes: un activo que ningún gobierno puede controlar unilateralmente, que no depende de infraestructura de ninguna nación y que posee liquidez global. Para países que buscan protegerse de la dependencia del dólar estadounidense, tener Bitcoin en sus reservas es un seguro geopolítico. La próxima década puede ver movimientos estratégicos en esa dirección.

El veredicto a largo plazo

La volatilidad a corto plazo seguirá siendo una realidad. Pero cuando analistas serios descartan la narrativa del arma de burbuja con datos concretos, cuando la penetración institucional es cero, cuando los casos de uso se diversifican y cuando emergen incentivos geopolíticos, el escenario para la próxima década no es de especulación condenada al colapso. Es de adopción progresiva, transformación infraestructural y reconfiguración de reservas de valor. El juego a largo plazo pertenece a quienes comprenden esa transición.

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