El último año, el panorama energético global ha cambiado silenciosamente. La relación comercial de petróleo entre China y Canadá está experimentando una transición de fría a caliente. Detrás de este cambio, no solo hay una cooperación activa de ambas partes, sino también una compleja interacción de geopolítica y beneficios económicos. Canadá, como el cuarto mayor productor de petróleo del mundo, está redefiniendo su papel en el comercio energético.
La inesperada reacción de las políticas de EE. UU.
Entre 2024 y 2025, las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela continúan intensificándose. El gobierno de Washington ha exigido claramente a Venezuela que corte sus lazos comerciales de petróleo con China, limitando sus relaciones solo a Estados Unidos, e incluso presionando a la administración interina venezolana para que repatrie empresas chinas. Estas medidas parecen tener un objetivo directo: cortar la cadena de suministro de energía de China.
En realidad, Venezuela era una fuente importante de importación de petróleo para China. Según datos comerciales, Venezuela exportaba aproximadamente el 80% de sus productos petroleros a China a precios relativamente bajos, una relación de suministro que se mantenía desde hace años. La política de EE. UU. busca, mediante presión política, obligar a Venezuela a cambiar su dirección comercial y así reducir el espacio de adquisición de energía para China.
Sin embargo, esta estrategia cuidadosamente diseñada pronto enfrentó una realidad fría.
El inesperado auge de la energía de Canadá
Las características de los recursos petroleros de Canadá ofrecen una alternativa ideal para China. La calidad del petróleo pesado de Alberta, en Canadá, es muy similar a la del petróleo venezolano, lo que proporciona una sustitución natural. Esto no es una coincidencia, sino un hecho objetivo basado en la geografía y los recursos disponibles.
Lo más crucial es la situación de tiempo. La expansión de los oleoductos transmontaños en 2024 ha proporcionado a Canadá una ruta directa hacia el Océano Pacífico. En teoría, esto debería abrir nuevas oportunidades comerciales para las empresas petroleras canadienses. Pero la presión comercial y las amenazas arancelarias de EE. UU. han puesto a la energía canadiense en una grave situación de ventas. A mediados de 2024, los precios del petróleo de Canadá cayeron a niveles bajos en años, acumulándose grandes inventarios en los almacenes, buscando canales de exportación.
Este desfase temporal ha creado una oportunidad para la cooperación energética entre China y Canadá.
Evaluación positiva de las empresas chinas
Tras los cambios en la situación de Venezuela, las empresas chinas de refinación actuaron rápidamente. Fuentes del comercio revelaron que las grandes refinerías que compran petróleo venezolano a largo plazo han comenzado a evaluar de manera integral la viabilidad de adquirir petróleo canadiense. Esto no es una respuesta pasiva, sino un ajuste estratégico activo.
Los datos muestran un aumento en las consultas de China sobre el petróleo de Canadá. Los inventarios de 22 millones de barriles de petróleo venezolano en puertos asiáticos, según la tasa de consumo, solo pueden mantener un suministro de dos meses. Este período de tiempo es suficiente para que China complete la transición en su cadena de suministro hacia Canadá.
Consideraciones sobre transporte y costos
A simple vista, el precio por barril del petróleo canadiense es de 8 a 9 dólares más caro que el de Venezuela. Esta diferencia de precio parece representar una desventaja en costos. Pero las cuentas de las empresas de carbón muestran que la situación real es más compleja.
Transportar petróleo desde Canadá hasta China toma solo 17 días, en comparación con los 57 días necesarios para el petróleo venezolano, una diferencia de 40 días. ¿Qué significa esto? Mayor velocidad en la rotación de la cadena de suministro, menor período de ocupación de inventarios y menor exposición a riesgos. Además, la flexibilidad para elegir tipos de buques y ajustar los tiempos de pedido otorga una ventaja en costos totales, que en realidad es significativa.
Las empresas de refinación chinas ya han hecho estos cálculos y, tras sopesar las ventajas, han encontrado razones sólidas para optar por el petróleo de Canadá.
El papel invisible de la geopolítica
Es importante notar que la presión del gobierno de Trump sobre Canadá, en realidad, aceleró el proceso de cooperación energética entre China y Canadá. Las amenazas arancelarias e incluso las declaraciones de “absorción” hicieron que la política canadiense viera claramente los riesgos de depender excesivamente de EE. UU. Los líderes canadienses han declarado abiertamente que “la previsibilidad de las relaciones China-Canadá es mayor”, lo que no solo es un reconocimiento de la cooperación, sino también una silenciosa resistencia a las políticas unilaterales de EE. UU.
Estados Unidos controlaba aproximadamente el 97% de las exportaciones de petróleo de Canadá, una proporción que ha permanecido alta durante mucho tiempo. Ahora, Canadá está buscando diversificar deliberadamente sus destinos de exportación energética. Datos de 2025 muestran que China ya ha comprado cerca del 40% del petróleo marítimo de Canadá, y esa proporción sigue en aumento. Más interesante aún, el petróleo enviado a China a través de oleoductos transmontaños representa el 64%, mucho más que el volumen dirigido a EE. UU. La situación en el “patio trasero” de Trump ya está siendo reescrita silenciosamente.
Una estrategia de beneficio mutuo a largo plazo
A diferencia del modelo de transacción basado en la hegemonía de EE. UU., la cooperación energética entre China y Canadá refleja un concepto de beneficio mutuo y ganar-ganar. Canadá ha abierto derechos de desarrollo para proyectos clave como el petróleo de lutita en Alberta y los campos de petróleo y gas en Terranova, mientras que China ofrece compromisos de mercado a largo plazo y estables. Este marco de cooperación basado en la confianza mutua es mucho más estable y sostenible que las políticas cambiantes de EE. UU.
La firma de acuerdos energéticos China-Canadá ya no es solo una relación de compras temporal, sino un compromiso estratégico a largo plazo.
Un punto de inflexión en el panorama energético
La geopolítica energética mundial está en un período de transición sensible. EE. UU. intentó controlar el petróleo de Venezuela para asfixiar la energía de China, pero la realidad ha demostrado que la diversificación energética es la tendencia dominante. Canadá, como un importante proveedor mundial de energía, está cambiando su estrategia, lo que marca una mayor flexibilización del dominio tradicional en energía.
Este cambio no es resultado de un diseño unilateral, sino una reacción inevitable a la lógica de las políticas unilaterales de EE. UU. Al presionar a sus aliados y bloquear a sus oponentes, EE. UU. ha empujado a sus antiguos socios a las filas de sus rivales. Canadá ha salido de su crisis de ventas, China ha asegurado un suministro energético más estable, y esta “conexión involuntaria” revela una profunda verdad en el escenario económico internacional actual: el unilateralismo terminará por autodestruirse.
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
La ruptura de Bélgica: el cambio hacia el este en el patrón de comercio de petróleo de Canadá
El último año, el panorama energético global ha cambiado silenciosamente. La relación comercial de petróleo entre China y Canadá está experimentando una transición de fría a caliente. Detrás de este cambio, no solo hay una cooperación activa de ambas partes, sino también una compleja interacción de geopolítica y beneficios económicos. Canadá, como el cuarto mayor productor de petróleo del mundo, está redefiniendo su papel en el comercio energético.
La inesperada reacción de las políticas de EE. UU.
Entre 2024 y 2025, las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela continúan intensificándose. El gobierno de Washington ha exigido claramente a Venezuela que corte sus lazos comerciales de petróleo con China, limitando sus relaciones solo a Estados Unidos, e incluso presionando a la administración interina venezolana para que repatrie empresas chinas. Estas medidas parecen tener un objetivo directo: cortar la cadena de suministro de energía de China.
En realidad, Venezuela era una fuente importante de importación de petróleo para China. Según datos comerciales, Venezuela exportaba aproximadamente el 80% de sus productos petroleros a China a precios relativamente bajos, una relación de suministro que se mantenía desde hace años. La política de EE. UU. busca, mediante presión política, obligar a Venezuela a cambiar su dirección comercial y así reducir el espacio de adquisición de energía para China.
Sin embargo, esta estrategia cuidadosamente diseñada pronto enfrentó una realidad fría.
El inesperado auge de la energía de Canadá
Las características de los recursos petroleros de Canadá ofrecen una alternativa ideal para China. La calidad del petróleo pesado de Alberta, en Canadá, es muy similar a la del petróleo venezolano, lo que proporciona una sustitución natural. Esto no es una coincidencia, sino un hecho objetivo basado en la geografía y los recursos disponibles.
Lo más crucial es la situación de tiempo. La expansión de los oleoductos transmontaños en 2024 ha proporcionado a Canadá una ruta directa hacia el Océano Pacífico. En teoría, esto debería abrir nuevas oportunidades comerciales para las empresas petroleras canadienses. Pero la presión comercial y las amenazas arancelarias de EE. UU. han puesto a la energía canadiense en una grave situación de ventas. A mediados de 2024, los precios del petróleo de Canadá cayeron a niveles bajos en años, acumulándose grandes inventarios en los almacenes, buscando canales de exportación.
Este desfase temporal ha creado una oportunidad para la cooperación energética entre China y Canadá.
Evaluación positiva de las empresas chinas
Tras los cambios en la situación de Venezuela, las empresas chinas de refinación actuaron rápidamente. Fuentes del comercio revelaron que las grandes refinerías que compran petróleo venezolano a largo plazo han comenzado a evaluar de manera integral la viabilidad de adquirir petróleo canadiense. Esto no es una respuesta pasiva, sino un ajuste estratégico activo.
Los datos muestran un aumento en las consultas de China sobre el petróleo de Canadá. Los inventarios de 22 millones de barriles de petróleo venezolano en puertos asiáticos, según la tasa de consumo, solo pueden mantener un suministro de dos meses. Este período de tiempo es suficiente para que China complete la transición en su cadena de suministro hacia Canadá.
Consideraciones sobre transporte y costos
A simple vista, el precio por barril del petróleo canadiense es de 8 a 9 dólares más caro que el de Venezuela. Esta diferencia de precio parece representar una desventaja en costos. Pero las cuentas de las empresas de carbón muestran que la situación real es más compleja.
Transportar petróleo desde Canadá hasta China toma solo 17 días, en comparación con los 57 días necesarios para el petróleo venezolano, una diferencia de 40 días. ¿Qué significa esto? Mayor velocidad en la rotación de la cadena de suministro, menor período de ocupación de inventarios y menor exposición a riesgos. Además, la flexibilidad para elegir tipos de buques y ajustar los tiempos de pedido otorga una ventaja en costos totales, que en realidad es significativa.
Las empresas de refinación chinas ya han hecho estos cálculos y, tras sopesar las ventajas, han encontrado razones sólidas para optar por el petróleo de Canadá.
El papel invisible de la geopolítica
Es importante notar que la presión del gobierno de Trump sobre Canadá, en realidad, aceleró el proceso de cooperación energética entre China y Canadá. Las amenazas arancelarias e incluso las declaraciones de “absorción” hicieron que la política canadiense viera claramente los riesgos de depender excesivamente de EE. UU. Los líderes canadienses han declarado abiertamente que “la previsibilidad de las relaciones China-Canadá es mayor”, lo que no solo es un reconocimiento de la cooperación, sino también una silenciosa resistencia a las políticas unilaterales de EE. UU.
Estados Unidos controlaba aproximadamente el 97% de las exportaciones de petróleo de Canadá, una proporción que ha permanecido alta durante mucho tiempo. Ahora, Canadá está buscando diversificar deliberadamente sus destinos de exportación energética. Datos de 2025 muestran que China ya ha comprado cerca del 40% del petróleo marítimo de Canadá, y esa proporción sigue en aumento. Más interesante aún, el petróleo enviado a China a través de oleoductos transmontaños representa el 64%, mucho más que el volumen dirigido a EE. UU. La situación en el “patio trasero” de Trump ya está siendo reescrita silenciosamente.
Una estrategia de beneficio mutuo a largo plazo
A diferencia del modelo de transacción basado en la hegemonía de EE. UU., la cooperación energética entre China y Canadá refleja un concepto de beneficio mutuo y ganar-ganar. Canadá ha abierto derechos de desarrollo para proyectos clave como el petróleo de lutita en Alberta y los campos de petróleo y gas en Terranova, mientras que China ofrece compromisos de mercado a largo plazo y estables. Este marco de cooperación basado en la confianza mutua es mucho más estable y sostenible que las políticas cambiantes de EE. UU.
La firma de acuerdos energéticos China-Canadá ya no es solo una relación de compras temporal, sino un compromiso estratégico a largo plazo.
Un punto de inflexión en el panorama energético
La geopolítica energética mundial está en un período de transición sensible. EE. UU. intentó controlar el petróleo de Venezuela para asfixiar la energía de China, pero la realidad ha demostrado que la diversificación energética es la tendencia dominante. Canadá, como un importante proveedor mundial de energía, está cambiando su estrategia, lo que marca una mayor flexibilización del dominio tradicional en energía.
Este cambio no es resultado de un diseño unilateral, sino una reacción inevitable a la lógica de las políticas unilaterales de EE. UU. Al presionar a sus aliados y bloquear a sus oponentes, EE. UU. ha empujado a sus antiguos socios a las filas de sus rivales. Canadá ha salido de su crisis de ventas, China ha asegurado un suministro energético más estable, y esta “conexión involuntaria” revela una profunda verdad en el escenario económico internacional actual: el unilateralismo terminará por autodestruirse.