Marilyn vos Savant tiene un récord que casi nadie podrá romper: con un coeficiente intelectual de 228, posee el coeficiente intelectual más alto del mundo, muy lejos de los 160 a 190 puntos de Einstein, los 160 de Hawking o los estimados 155 de Musk. Sin embargo, a pesar de esta inteligencia extraordinaria, fue prácticamente destrozada por la ciencia y el público por una pregunta aparentemente sencilla. La historia paradójica muestra cómo la genialidad no protege de malentendidos masivos, y cómo un enigma matemático revela los límites de nuestro pensamiento.
De la genio ignorado a la atención mundial
Desde niño, Marilyn mostró un potencial excepcional. Con solo diez años, podía memorizar todo el contenido de libros complejos, leía los 24 volúmenes de la Encyclopaedia Britannica y estableció un récord de IQ que aún perdura. Sin embargo, permaneció en la sombra. “Durante mucho tiempo, casi nadie se interesó en mí, en su mayoría porque soy mujer”, recuerda más tarde. Asistió a una escuela pública normal, estudió dos años en la Universidad de Washington y luego abandonó para apoyar a su familia en el negocio familiar.
En 1985, llegó un punto de inflexión: Guinness World Records la listó oficialmente como poseedora del récord de IQ más alto, con 228 puntos. De repente, Marilyn estuvo en el centro de atención: portada de New York Magazine y Parade, apariciones en The Late Show with David Letterman. El mundo parecía listo para reconocer a esta genio.
El problema de Monty Hall: una pregunta que divide a la sociedad
En 1990, Marilyn comenzó su famosa columna “Pregúntale a Marilyn” en Parade. Un lector le planteó un enigma aparentemente inofensivo que se convertiría en un punto de inflexión en su carrera: el llamado problema de Monty Hall, nombrado así por el presentador del programa de juegos Deal or No Deal.
La pregunta era simple:
Participas en un programa de televisión. Frente a ti hay tres puertas. Detrás de una hay un coche, detrás de las otras dos, cabras. Eliges una puerta. El presentador abre otra puerta y te muestra una cabra. Ahora tienes la opción: ¿te quedas con tu elección original o cambias de puerta?
La respuesta de Marilyn fue concisa: “Deberías cambiar de puerta.”
La tormenta de indignación
Lo que siguió fue un tsunami de críticas. Marilyn recibió más de 10,000 cartas, casi 1,000 de ellas de personas con títulos de doctorado. Aproximadamente el 90 por ciento de los que respondieron la calificaron de incorrecta:
“¡Tú misma eres la cabra (tonto)!”
“¡Lo has estropeado por completo!”
“Quizá las mujeres ven los problemas matemáticos de manera diferente a los hombres.”
Incluso matemáticos y estadísticos enviaron cartas llenas de desprecio. Un doctor universitario escribió: “Has reconocido lo peor que puede sucederle a una matemática: confundir a la opinión pública.” La situación se convirtió en símbolo de la subestimación del intelecto femenino.
La verdad matemática
Pero Marilyn tenía razón. Para entender esto, consideremos los dos escenarios:
Escenario 1: La primera elección es la puerta con el coche (probabilidad: 1/3)
El presentador abre una puerta con una cabra
Si cambias, pierdes
Escenario 2: La primera elección es una puerta con una cabra (probabilidad: 2/3)
El presentador abre la otra puerta con la cabra
Si cambias, ganas
La realidad matemática es clara: tu probabilidad de ganar al cambiar es de 2/3, no del 50 por ciento, como la mayoría intuitivamente piensa.
El MIT realizó simulaciones por computadora que confirmaron la respuesta de Marilyn. El programa MythBusters realizó pruebas prácticas y demostró la solución experimentalmente. Finalmente, algunos científicos admitieron sus errores y se disculparon.
Por qué nuestra mente fracasa sistemáticamente aquí
Pero, ¿por qué a tantas personas —incluidos los altamente educados— les resulta tan difícil entender esto? Las razones van más allá de la falta de matemáticas:
Reevaluar la situación: Nuestro cerebro tiende a “revalorizar” la situación inicial cuando recibe nueva información. Tratamos inconscientemente el escenario restante como si la primera elección nunca hubiera ocurrido. Esto es un error cognitivo.
Pequeña muestra: Con solo tres puertas, el problema resulta contraintuitivo. Con 100 puertas, la solución sería obvia: si cambias, ganas en 99 de cada 100 casos.
La trampa del 50-50: La gente asume inconscientemente que las dos opciones restantes automáticamente tienen una probabilidad del 50 por ciento. Esto es una mala interpretación fundamental de la probabilidad condicional.
Ceguera evolutiva: Nuestro cerebro se desarrolló para escenarios inmediatos y pequeños, no para probabilidades estadísticas sobre grandes cantidades.
La visión global: la inteligencia y la comprensión no son lo mismo
La historia de Marilyn, con su coeficiente intelectual más alto del mundo y su posterior burla, revela una verdad incómoda: la inteligencia máxima no protege de errores colectivos masivos. Un entorno lleno de expertos puede estar sistemáticamente equivocado.
El episodio también mostró que las personas promedio piensan en nichos y no reconocen los límites de su intuición, mientras que una persona realmente brillante —una mujer en este caso— puede romper esas barreras y dar la respuesta correcta, incluso cuando toda la comunidad establecida se opone.
El coeficiente intelectual más alto del mundo no podría haber sido menos impresionante, ni más útil para revelar esta verdad matemática.
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El coeficiente intelectual más alto del mundo – y la pregunta que lo hizo fallar
Marilyn vos Savant tiene un récord que casi nadie podrá romper: con un coeficiente intelectual de 228, posee el coeficiente intelectual más alto del mundo, muy lejos de los 160 a 190 puntos de Einstein, los 160 de Hawking o los estimados 155 de Musk. Sin embargo, a pesar de esta inteligencia extraordinaria, fue prácticamente destrozada por la ciencia y el público por una pregunta aparentemente sencilla. La historia paradójica muestra cómo la genialidad no protege de malentendidos masivos, y cómo un enigma matemático revela los límites de nuestro pensamiento.
De la genio ignorado a la atención mundial
Desde niño, Marilyn mostró un potencial excepcional. Con solo diez años, podía memorizar todo el contenido de libros complejos, leía los 24 volúmenes de la Encyclopaedia Britannica y estableció un récord de IQ que aún perdura. Sin embargo, permaneció en la sombra. “Durante mucho tiempo, casi nadie se interesó en mí, en su mayoría porque soy mujer”, recuerda más tarde. Asistió a una escuela pública normal, estudió dos años en la Universidad de Washington y luego abandonó para apoyar a su familia en el negocio familiar.
En 1985, llegó un punto de inflexión: Guinness World Records la listó oficialmente como poseedora del récord de IQ más alto, con 228 puntos. De repente, Marilyn estuvo en el centro de atención: portada de New York Magazine y Parade, apariciones en The Late Show with David Letterman. El mundo parecía listo para reconocer a esta genio.
El problema de Monty Hall: una pregunta que divide a la sociedad
En 1990, Marilyn comenzó su famosa columna “Pregúntale a Marilyn” en Parade. Un lector le planteó un enigma aparentemente inofensivo que se convertiría en un punto de inflexión en su carrera: el llamado problema de Monty Hall, nombrado así por el presentador del programa de juegos Deal or No Deal.
La pregunta era simple:
Participas en un programa de televisión. Frente a ti hay tres puertas. Detrás de una hay un coche, detrás de las otras dos, cabras. Eliges una puerta. El presentador abre otra puerta y te muestra una cabra. Ahora tienes la opción: ¿te quedas con tu elección original o cambias de puerta?
La respuesta de Marilyn fue concisa: “Deberías cambiar de puerta.”
La tormenta de indignación
Lo que siguió fue un tsunami de críticas. Marilyn recibió más de 10,000 cartas, casi 1,000 de ellas de personas con títulos de doctorado. Aproximadamente el 90 por ciento de los que respondieron la calificaron de incorrecta:
Incluso matemáticos y estadísticos enviaron cartas llenas de desprecio. Un doctor universitario escribió: “Has reconocido lo peor que puede sucederle a una matemática: confundir a la opinión pública.” La situación se convirtió en símbolo de la subestimación del intelecto femenino.
La verdad matemática
Pero Marilyn tenía razón. Para entender esto, consideremos los dos escenarios:
Escenario 1: La primera elección es la puerta con el coche (probabilidad: 1/3)
Escenario 2: La primera elección es una puerta con una cabra (probabilidad: 2/3)
La realidad matemática es clara: tu probabilidad de ganar al cambiar es de 2/3, no del 50 por ciento, como la mayoría intuitivamente piensa.
El MIT realizó simulaciones por computadora que confirmaron la respuesta de Marilyn. El programa MythBusters realizó pruebas prácticas y demostró la solución experimentalmente. Finalmente, algunos científicos admitieron sus errores y se disculparon.
Por qué nuestra mente fracasa sistemáticamente aquí
Pero, ¿por qué a tantas personas —incluidos los altamente educados— les resulta tan difícil entender esto? Las razones van más allá de la falta de matemáticas:
Reevaluar la situación: Nuestro cerebro tiende a “revalorizar” la situación inicial cuando recibe nueva información. Tratamos inconscientemente el escenario restante como si la primera elección nunca hubiera ocurrido. Esto es un error cognitivo.
Pequeña muestra: Con solo tres puertas, el problema resulta contraintuitivo. Con 100 puertas, la solución sería obvia: si cambias, ganas en 99 de cada 100 casos.
La trampa del 50-50: La gente asume inconscientemente que las dos opciones restantes automáticamente tienen una probabilidad del 50 por ciento. Esto es una mala interpretación fundamental de la probabilidad condicional.
Ceguera evolutiva: Nuestro cerebro se desarrolló para escenarios inmediatos y pequeños, no para probabilidades estadísticas sobre grandes cantidades.
La visión global: la inteligencia y la comprensión no son lo mismo
La historia de Marilyn, con su coeficiente intelectual más alto del mundo y su posterior burla, revela una verdad incómoda: la inteligencia máxima no protege de errores colectivos masivos. Un entorno lleno de expertos puede estar sistemáticamente equivocado.
El episodio también mostró que las personas promedio piensan en nichos y no reconocen los límites de su intuición, mientras que una persona realmente brillante —una mujer en este caso— puede romper esas barreras y dar la respuesta correcta, incluso cuando toda la comunidad establecida se opone.
El coeficiente intelectual más alto del mundo no podría haber sido menos impresionante, ni más útil para revelar esta verdad matemática.