En el sector de almacenamiento Web3, si te quedas mucho tiempo, descubrirás un fenómeno extraño: cada white paper es más exagerado que el anterior, los términos técnicos están tan llenos que parecen artículos académicos, con códigos de corrección de errores, usabilidad, grado de descentralización, parámetros al máximo. ¿Pero cuántos proyectos realmente pueden implementarse, funcionar y generar ganancias sostenidas? Contados con los dedos.
Al analizar el proyecto Walrus, en realidad la motivación inicial era bastante simple. No fue por la fama de la tecnología RedStuff, ni por la valoración de 2 mil millones de dólares, sino por su estilo de rendimiento en estos dos años: sin hacer la típica propaganda de "revolución tecnológica", sin gritar por todas partes que va a revolucionar el mercado de almacenamiento, pero logrando en muy poco tiempo avanzar en las dos rutas comerciales más difíciles: AI y RWA. Eso es lo que realmente merece atención.
Por eso, dediqué bastante tiempo a analizar Walrus desde las dimensiones técnica, ecológica, comercial y de riesgos. La conclusión final es muy clara: es un proyecto que tiene como primera prioridad el "hacer que sea factible".
El análisis que sigue no es la típica repetición del white paper, ni una demostración técnica, sino que desde un enfoque práctico, veremos cómo funciona realmente el sistema Walrus.
Vamos con el primer punto: Walrus no gana porque su tecnología sea espectacular, sino porque eligió "tomar una ruta intermedia". Muchas personas al hablar de Walrus piensan inmediatamente en la tecnología de códigos de corrección de errores bidimensionales RedStuff. Pero, para ser honestos—
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
En el sector de almacenamiento Web3, si te quedas mucho tiempo, descubrirás un fenómeno extraño: cada white paper es más exagerado que el anterior, los términos técnicos están tan llenos que parecen artículos académicos, con códigos de corrección de errores, usabilidad, grado de descentralización, parámetros al máximo. ¿Pero cuántos proyectos realmente pueden implementarse, funcionar y generar ganancias sostenidas? Contados con los dedos.
Al analizar el proyecto Walrus, en realidad la motivación inicial era bastante simple. No fue por la fama de la tecnología RedStuff, ni por la valoración de 2 mil millones de dólares, sino por su estilo de rendimiento en estos dos años: sin hacer la típica propaganda de "revolución tecnológica", sin gritar por todas partes que va a revolucionar el mercado de almacenamiento, pero logrando en muy poco tiempo avanzar en las dos rutas comerciales más difíciles: AI y RWA. Eso es lo que realmente merece atención.
Por eso, dediqué bastante tiempo a analizar Walrus desde las dimensiones técnica, ecológica, comercial y de riesgos. La conclusión final es muy clara: es un proyecto que tiene como primera prioridad el "hacer que sea factible".
El análisis que sigue no es la típica repetición del white paper, ni una demostración técnica, sino que desde un enfoque práctico, veremos cómo funciona realmente el sistema Walrus.
Vamos con el primer punto: Walrus no gana porque su tecnología sea espectacular, sino porque eligió "tomar una ruta intermedia". Muchas personas al hablar de Walrus piensan inmediatamente en la tecnología de códigos de corrección de errores bidimensionales RedStuff. Pero, para ser honestos—