La crisis que enfrentan los economistas académicos es más profunda de lo que sugieren los titulares. Tres fuerzas están convergiendo para remodelar la profesión: en primer lugar, la autoridad tradicional de la experiencia económica se está erosionando—cada vez menos personas se preocupan por lo que tienen que decir los economistas. En segundo lugar, las universidades estadounidenses están experimentando una caída pronunciada en la matrícula de estudiantes nacionales que cursan programas de economía. En tercer lugar, y lo que más duele en este momento, el mercado laboral para economistas se está desplomando.
Es una tormenta perfecta. El prestigio que una vez protegió a la disciplina se está agrietando. Las instituciones están reduciendo puestos. Y la canalización de nuevo talento se está secando. La verdadera pregunta no es si esto es temporal—sino si el mercado ha revalorado fundamentalmente lo que valora en el análisis económico.
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La crisis que enfrentan los economistas académicos es más profunda de lo que sugieren los titulares. Tres fuerzas están convergiendo para remodelar la profesión: en primer lugar, la autoridad tradicional de la experiencia económica se está erosionando—cada vez menos personas se preocupan por lo que tienen que decir los economistas. En segundo lugar, las universidades estadounidenses están experimentando una caída pronunciada en la matrícula de estudiantes nacionales que cursan programas de economía. En tercer lugar, y lo que más duele en este momento, el mercado laboral para economistas se está desplomando.
Es una tormenta perfecta. El prestigio que una vez protegió a la disciplina se está agrietando. Las instituciones están reduciendo puestos. Y la canalización de nuevo talento se está secando. La verdadera pregunta no es si esto es temporal—sino si el mercado ha revalorado fundamentalmente lo que valora en el análisis económico.